Blog

Filosofía comercial. Imbéciles y maravillosos.

20/04/2025
Blog

Vivimos entre extremos. Dentro de cada uno de nosotros habita tanto un imbécil como un ser capaz de actos extraordinarios. No hay contradicción en ello: es la paradoja fundamental de la naturaleza humana. Este artículo explora la idea de que todos podemos ser imbéciles y también maravillosos, y que la clave reside en saber, y sobre todo, dominar cuándo somos una cosa u otra.

1. Todos llevamos un imbécil dentro (y es normal)

La palabra “imbécil” puede sonar dura, pero aquí no se usa como insulto, sino como diagnóstico existencial. El filósofo español Fernando Savater señalaba que “la estupidez es más peligrosa que la maldad, porque mientras que el mal puede descansar, la estupidez nunca duerme.”

Todos, sin excepción, hemos actuado con torpeza emocional, egoísmo ciego o ignorancia orgullosa. Hay momentos en los que, simplemente, no estamos a la altura de lo que deberíamos o podríamos ser. A veces se debe al cansancio, otras al miedo, o al exceso de certezas. Lo importante no es tanto que nos pase, sino qué hacemos cuando nos damos cuenta.

2. Nuestra capacidad para lo maravilloso

Frente a esa cara oscura, está nuestra otra posibilidad: la de ser seres luminosos. La maravilla se expresa en gestos de compasión, en la escucha sincera, en decisiones éticas difíciles, en la creatividad generosa. No es un estado permanente, sino una serie de elecciones conscientes.

Carl Rogers, uno de los grandes psicólogos humanistas, lo decía así:

“Cuando miro al mundo, me doy cuenta de que si tengo una actitud receptiva, puedo encontrar algo admirable en casi cualquier persona.”

Ser maravillosos no implica perfección. Es una cuestión de presencia, intención y apertura. La maravilla, como la imbecilidad, no se hereda: se cultiva.

3. El verdadero problema: no saber quién estamos siendo

A menudo el mayor problema no es ser imbécil o ser maravilloso, sino no saber en qué punto estamos actuando. El autoengaño es una forma sofisticada de imbecilidad. Nos hace justificar actitudes hirientes, disfrazar el ego de virtud, convertir la rigidez en “coherencia” y el juicio en “opinión sincera”.

La psicóloga Brené Brown, conocida por su trabajo sobre la vulnerabilidad, señala que:

“La claridad es amabilidad. Y la mayor claridad empieza por la que aplicamos sobre nosotros mismos.”

Reconocernos implica valentía. Significa aceptar que, por muy buenos que nos creamos, podemos estar lastimando. Y también implica aceptar que, aunque hayamos sido imbéciles, no estamos condenados a serlo siempre.

4. Dominar el interruptor: entre la reacción y la elección

Uno de los grandes retos humanos es aprender a dominar ese “interruptor interno” que decide si responderemos desde la impulsividad o desde la conciencia. Viktor Frankl, psiquiatra y sobreviviente del Holocausto, lo expresaba así:

“Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio está nuestro poder para elegir nuestra respuesta. Y en esa respuesta reside nuestro crecimiento y nuestra libertad.”

Ese espacio —mínimo pero poderoso— es donde se juega todo. El desarrollo de la inteligencia emocional, la práctica de la atención plena (mindfulness), la escucha activa y la reflexión ética son herramientas para ampliar ese espacio.

5. La maravilla se construye en lo cotidiano

No hace falta salvar el mundo para ser una persona maravillosa. Lo maravilloso está en saber cuándo callar, cuándo pedir perdón, cuándo ofrecer ayuda sin que nadie lo note. Está en tener la capacidad de reírnos de nosotros mismos sin caer en la autocrítica cruel.

La filósofa Simone Weil escribía que:

“La atención, tomada en su forma más pura, es la forma más rara y pura de generosidad.”

Cultivar la atención y la presencia en lo cotidiano nos acerca a nuestra versión más lúcida, más amable, más humana.

6. La imbecilidad estructural: cuando el entorno alimenta lo peor

No podemos ignorar que muchos entornos fomentan nuestras peores versiones. Una sociedad acelerada, hiper competitiva y narcisista muchas veces recompensa la superficialidad, la hostilidad y la reacción impulsiva.

Las redes sociales, por ejemplo, premian la polémica antes que la reflexión. Lo viral es lo exagerado, no lo ponderado. En esos contextos, ser imbécil no solo es fácil: es rentable.

Resistirse a esa corriente implica nadar contra la cultura del ego. Ser conscientes de eso nos permite no caer en la trampa. Y si caemos, al menos lo hacemos sabiendo dónde estamos y cómo volver.

7. Pedir perdón y aprender: el acto más poderoso

Tal vez el gesto más revolucionario sea saber pedir perdón. Admitir que hemos sido imbéciles y actuar en consecuencia: reparar, escuchar, cambiar.

Desde el punto de vista psicológico, el arrepentimiento no solo es saludable: es transformador. Permite la reintegración del yo con una narrativa más honesta y madura. Impide que la culpa se cronifique y la convierta en parálisis.

Y desde lo humano, pedir perdón crea puentes. Genera intimidad. Abre caminos de comprensión.

8. Una humanidad lúcida, no perfecta

No necesitamos ser perfectos. Necesitamos ser lúcidos. Reconocer que somos capaces de lo mejor y de lo peor, y que esa ambivalencia no nos condena, sino que nos hace humanos. Es en esa aceptación donde comienza la verdadera sabiduría.

Saber cuándo estamos actuando desde la imbecilidad, y cuándo desde la maravilla, es el primer paso. El segundo, más importante, es elegir —cada vez que podamos— actuar desde la conciencia, la bondad y la humildad.

¿Y tú? ¿Cuándo fuiste imbécil por última vez? ¿Y cuándo fuiste maravilloso?

Te invito a reflexionar sobre esos dos momentos. No con culpa, sino con honestidad y amor propio. Y si te animas, compártelo. Porque hablar de esto nos humaniza a todos. Hoy yo lo he sido un par de veces y solo son las que me he dado cuenta. Si, "tonto o falto de inteligencia o incapaz de usar la inteligencia a tiempo".

Bibliografía y referencias sugeridas:

  • Viktor FranklEl hombre en busca de sentido (1946)

  • Brené BrownEl poder de la vulnerabilidad (2012)

  • Fernando SavaterÉtica para Amador (1991)

  • Carl RogersEl proceso de convertirse en persona (1961)

  • Simone WeilLa gravedad y la gracia (1947)

  • Daniel GolemanInteligencia emocional (1995)

  • Byung-Chul HanLa sociedad del cansancio (2010)