
Hay personas que envejecen y otras que, sencillamente, acumulan vida. Michael Caine pertenece a las segundas.
Hace años, cuando un periodista le preguntó cómo llevaba eso de hacerse mayor, respondió con ese humor británico seco que le caracteriza:
«Comparado con la alternativa, es fantástico».
Una frase aparentemente divertida que, pensada durante unos segundos, contiene una filosofía de vida entera.
Cumplir años no es una desgracia. Es un privilegio.
Trabajar muchos años tampoco debería ser una condena. Significa que uno ha tenido oportunidades, ha aprendido, se ha equivocado, ha conocido gente, ha ganado, ha perdido y todavía continúa aquí para contarlo.
Michael Caine nació en Londres en 1933 con el nombre de Maurice Joseph Micklewhite. Hijo de una limpiadora y de un trabajador del mercado de pescado de Billingsgate, creció en el sur de Londres, en un entorno muy alejado de Hollywood. Vivió la Segunda Guerra Mundial, fue evacuado siendo niño y años después sirvió en el Ejército británico. Su carrera cinematográfica acabaría extendiéndose durante más de siete décadas.
No era exactamente el currículum que uno imaginaría para alguien que terminaría convertido en Sir Michael Caine, ganador de dos Oscar y uno de los actores británicos más reconocibles del mundo.
Y quizá precisamente por eso merece la pena escucharle.
Sé como un pato
Hay una frase atribuida a Caine que me parece extraordinaria:
«Sé como un pato: tranquilo en la superficie, pero remando como un demonio por debajo».
Pocas definiciones mejores encuentro de lo que significa ser un buen profesional.
Desde fuera, algunas personas parecen hacer las cosas con enorme facilidad.
El gran vendedor mantiene la calma durante una negociación complicada. El empresario transmite seguridad cuando existe incertidumbre. El director comercial entra en una reunión difícil sin contagiar nerviosismo al equipo. El arquitecto presenta una solución con naturalidad aunque detrás haya cien horas de cálculos, reuniones y correcciones.
Vemos el pato deslizándose elegantemente sobre el agua.
Lo que no vemos son las patas.
Y están remando.
Mucho.
Existe cierta tendencia moderna a mostrar exclusivamente el resultado: el contrato conseguido, la empresa que crece, la promoción, el éxito, la fotografía del premio.
Pero debajo están las llamadas que no contestaron, las propuestas rechazadas, la preparación, los kilómetros, los errores y las noches pensando cómo resolver un problema.
La excelencia casi siempre tiene esa apariencia: serenidad exterior y esfuerzo interior.
«Usa la dificultad»
Hay otra historia de Michael Caine todavía mejor.
Cuando comenzaba como actor estaba ensayando una obra de teatro. En una escena anterior a su entrada, otro actor había arrojado una silla y esta había quedado bloqueando la puerta por la que Caine tenía que aparecer.
Caine dijo que no podía entrar porque la silla estaba en medio.
El productor le respondió:
«Usa la dificultad».
Caine preguntó qué quería decir.
La explicación fue magnífica: si la obra es dramática, recoge la silla y rómpela; si es una comedia, tropieza con ella.
Caine ha contado que aquello se convirtió en una enseñanza para toda su vida: intenta utilizar siempre la dificultad.
¿No es exactamente esto vender?
Un cliente te pone una objeción.
Puedes considerarla un obstáculo o convertirla en información.
Te dice que eres caro.
Perfecto.
Acabas de descubrir que todavía no has demostrado suficientemente tu valor.
Te dice que trabaja con otro proveedor.
Magnífico.
Ahora puedes preguntarle qué aprecia especialmente de ese proveedor y qué mejoraría.
Te dice que ahora no es el momento.
Excelente.
Puedes averiguar cuándo lo será y qué tendría que suceder para que cambiasen las circunstancias.
El vendedor mediocre pelea contra la silla.
El buen vendedor usa la silla.
El éxito también consiste en sobrevivir
Michael Caine nunca ha intentado construir una imagen excesivamente solemne de sí mismo.
Al hablar de cómo elegía películas dijo algo parecido a:
«Primero elijo los grandes papeles; después los mediocres; y después, los que pagan el alquiler».
Es una frase divertidísima, pero contiene otra lección empresarial.
Hay momentos para buscar excelencia, momentos para crecer y momentos simplemente para mantener la máquina funcionando.
Las empresas también necesitan pragmatismo.
No todos los proyectos serán extraordinarios.
No todos los clientes serán estratégicos.
No todas las operaciones serán aquellas que enseñaremos orgullosamente dentro de diez años.
Pero existe algo llamado caja, nóminas, estructura y continuidad.
La filosofía empresarial necesita ideales, pero también necesita facturas pagadas.
Caine incluso convirtió sus películas menos prestigiosas en material para bromear. De Jaws: The Revenge, una película muy mal recibida, decía que nunca la había visto, pero sí había visto la casa que permitió comprar.
Una manera muy inglesa de recordar que incluso de las malas decisiones pueden obtenerse resultados útiles.
La autoridad no necesita hacer ruido
Otra observación fascinante de Caine procede de su oficio como actor.
Explicando cómo interpretaba personajes poderosos decía que las personas con verdadera autoridad tienden a moverse poco y a hablar despacio, porque saben que los demás esperarán para escucharlas.
Aquí también existe una extraordinaria enseñanza comercial.
¿Cuántos vendedores hablan demasiado?
¿Cuántas presentaciones contienen cincuenta diapositivas cuando deberían contener diez?
¿Cuántas veces respondemos antes de haber entendido realmente la pregunta?
La seguridad comercial no consiste en dominar la conversación.
Consiste muchas veces en ser capaz de soportar el silencio.
Preguntar.
Escuchar.
Pensar.
Y después responder.
Quien necesita convencer desesperadamente transmite precisamente eso: desesperación.
El profesional que conoce su producto, conoce el problema del cliente y sabe el valor que aporta puede permitirse otra velocidad.
Nunca renunció a ser quien era
Cuando Michael Caine llegó al cine mantuvo algo muy característico: su acento cockney.
Aquello podía haber sido considerado una desventaja en una industria británica tradicionalmente dominada por actores de pronunciación mucho más aristocrática.
Pero ocurrió exactamente lo contrario.
Su voz se convirtió en parte de su identidad.
Al estrenarse Alfie en Estados Unidos tuvo incluso que volver a grabar decenas de frases para que el público estadounidense pudiera comprender mejor aquel cockney pronunciado a toda velocidad.
Otra gran lección.
En ventas solemos hablar mucho de diferenciación como si fuera algo que tuviésemos que fabricar artificialmente.
A veces nuestra diferenciación ya existe.
Está en nuestra historia.
En nuestra experiencia.
En nuestra manera de hablar.
En cómo entendemos al cliente.
En aquellas características que quizás alguna vez pensamos que eran inconvenientes.
Caine contó también que de niño se burlaban de la forma de sus ojos. Años después, aquello mismo terminó convirtiéndose en uno de sus rasgos cinematográficos más reconocibles. Su filosofía fue nuevamente la misma: utilizar la desventaja.
Cuando dejas de ser el protagonista
Existe una anécdota magnífica sobre el envejecimiento profesional.
Con más de sesenta años de películas a sus espaldas, Caine recibió un guion y lo devolvió porque consideraba que el papel que le ofrecían era demasiado pequeño.
El productor se lo mandó de nuevo explicándole que había entendido mal.
Caine estaba leyendo el papel del amante.
Querían que interpretara al padre.
Él mismo resumió el momento diciendo que llega una edad en la que dejas de quedarte con la chica… pero sigues quedándote con el papel.
Adaptarse.
Quizá esa sea una de las características esenciales de cualquier carrera larga.
Un vendedor de cincuenta o sesenta años no puede vender exactamente como vendía a los treinta.
Un empresario no puede dirigir su empresa igual cuando tiene cinco empleados que cuando tiene cincuenta.
El mundo cambia.
Los clientes cambian.
Las herramientas cambian.
Los papeles cambian.
Pero la experiencia no desaparece: cambia de función.
Michael Caine pasó de galán a padre, de padre a mentor y de mentor a leyenda.
En lugar de luchar contra el tiempo, encontró otro papel.
Teniendo en cuenta la alternativa…
Y volvemos a aquella extraordinaria respuesta sobre cumplir años.
«¿Cómo se siente haciéndose mayor?»
Fantástico.
Teniendo en cuenta la alternativa.
Es filosofía estoica expresada con humor británico.
También podría convertirse en una filosofía empresarial.
¿Que tenemos problemas con clientes?
Fantástico: significa que tenemos clientes.
¿Que tenemos objetivos difíciles?
Fantástico: significa que todavía tenemos algo por conquistar.
¿Que hay competencia?
Fantástico: significa que estamos en un mercado donde existe negocio.
¿Que llevamos muchos años trabajando?
Fantástico.
Teniendo en cuenta la alternativa.
Michael Caine anunció su retirada de la interpretación después de The Great Escaper, culminando una carrera cinematográfica extraordinariamente larga.
Su legado, sin embargo, va mucho más allá de sus películas.
Quizás podamos resumirlo en tres ideas muy sencillas.
Mantén la calma por fuera y trabaja muchísimo por dentro.
Cuando aparezca una dificultad, úsala.
Y mientras puedas seguir remando…
sigue remando.
Porque, teniendo en cuenta la alternativa, poder hacerlo es ya una extraordinaria noticia.