En primer lugar, quiero felicitar a mi buen amigo y admirado profesional, Felipe Pérez de Madrid, una autoridad en eso de enseñar, ayudar y motivar a los líderes y los equipos de ventas en las organizaciones. Quiero agradecerle su brillante iniciativa de crear un blog que conecta ventas y filosofía, sin duda alguna, el legado de los filósofos es extrapolable a muchísimas actividades de la vida actual y por supuesto, concretamente al mundo de las ventas. De hecho, es habitual que Felipe en sus formaciones tire mano muy a menudo de la sabiduría de los filósofos para aportar valiosos recursos a su alumnado.
Mi actividad actual es la difusión e impulso del desarrollo de la inteligencia temperamental en las organizaciones, mediante el “Proyecto Temperamento”. Tiene, y no es casualidad, sus orígenes en la primera persona que acuño el término “Temperamento”, el gran filósofo Hipócrates de Cos, que ya nos “vendió” con solidos argumentos la enorme importancia que tiene para la salud una buena alimentación y el ejercicio físico, haciendo hincapié que es esencial conocer bien al paciente para encontrar “pistas” de como sanarlo. Me maravilla la frase de Hipócrates al respecto: “Es mucho más importante saber que persona tiene la enfermedad que, que enfermedad tiene la persona”.
Salvando las distancias temporales es como la importancia que tú, Felipe, le das a conocer bien al cliente, como condición clave para llevar la venta hacia el éxito.
Tras esta introducción, paso a compartir este post, que aunque no es específico de ventas, si que creo que deja claro que apoyarse en la filosofía es importantísimo, en el mundo comercial, en el personal, en el familiar, en el social y en todo en la vida.
¡Y pensar que estos políticos actuales con sus leyes educativas, están fomentando su desaparición, o cuanto menos no obligatoriedad en los planes de estudios! ¿Qué querrán, que aprendamos de su cada vez más vergonzosa oratoria en el Congreso?
Ahí va mi post:
¿Por qué deberíamos aprender de los filósofos de la Antigua Grecia?
Vivimos en una sociedad saturada de información, de estímulos constantes y de prisas. En medio de este torbellino digital, muchas veces nos falta algo fundamental: parar, observar, preguntarnos, reflexionar. Y es ahí donde los filósofos de la Antigua Grecia nos ofrecen unos recursos que hay que recuperar, sí o sí, para la mejora de la sociedad actual.
Los griegos no tenían móviles, ni redes sociales, ni inteligencia artificial. Pero tenían algo que hoy hemos dejado un poco de lado: la capacidad de pensar profundamente, de cuestionar lo que parece obvio y de buscar sentido en medio del caos.
En este post quiero invitarte a mirar hacia atrás, hacia esos pensadores que hace más de dos mil años nos mostraron un camino: el camino del pensamiento crítico, de las preguntas poderosas y de la reflexión serena. Porque, si algo necesita la sociedad actual, es volver a aprender a pensar.
Me voy a centrar en esta ocasión en tres filósofos que curiosamente fueron siendo unos de otros formadores y alumnos, teniendo la mente abierta al aprendizaje y manteniendo su espíritu crítico para aportar su huella personal mediante sus propias ideas .
- Sócrates: el arte de hacer preguntas
Comencemos con el más conocido de todos: Sócrates.
A Sócrates no le interesaba tanto dar respuestas como hacer preguntas. Su método se conoce como la mayéutica, una técnica basada en hacer preguntas que obligan al otro a pensar, a dudar, a encontrar por sí mismo la verdad. No daba sermones, no imponía ideas. Solo preguntaba.
“Solo sé que no sé nada”, decía.
Y esa frase, que puede parecer paradójica, es en realidad una muestra de humildad intelectual y de apertura a seguir aprendiendo siempre.
¿Y qué hacía exactamente Sócrates? Caminaba por las calles de Atenas hablando con todo el mundo: jóvenes, comerciantes, políticos… Les hacía preguntas sobre la justicia, la virtud, la verdad. Poco a poco, con sus preguntas, desmontaba certezas, revelaba contradicciones y llevaba a las personas a mirar dentro de sí.
¿Por qué deberíamos aprender de él? Porque hoy nos sobran respuestas rápidas y nos faltan preguntas profundas. La mayéutica de Sócrates nos recuerda que no hay crecimiento sin cuestionamiento. Y que el diálogo —el auténtico, no el de gritar para tener razón— es la mejor herramienta para construir una sociedad más sabia.
- Platón: pensar más allá de lo visible
Platón, discípulo de Sócrates, llevó la filosofía a otro nivel. Para él, lo que vemos con los ojos es solo una sombra de la realidad. Lo importante está más allá, en lo que no se ve, en lo que se piensa.
Su famosa alegoría de la caverna lo explica muy bien: imaginaba a unos prisioneros encadenados desde su nacimiento dentro de una cueva, que solo ven sombras proyectadas en la pared. Esas sombras son lo único que conocen. Pero si uno de ellos se libera y sale al exterior, descubre la luz, el mundo real. Al regresar, intenta explicárselo a los demás, pero no le creen. Están tan acostumbrados a las sombras que no pueden imaginar otra cosa.
¿Qué nos enseña Platón? Que muchas veces vivimos atrapados en nuestras ideas fijas, en nuestros prejuicios, en la “realidad” que nos cuentan los medios o las redes sociales. Pero hay una verdad más profunda, más allá de lo inmediato. Y para acceder a ella, necesitamos pensar, cuestionar, atrevernos a salir de la caverna.
- Aristóteles: el observador de la realidad
Aristóteles fue alumno de Platón, aunque como buen pensador tenía su propio criterio, Aristóteles se centró en lo concreto, en lo que se puede observar, clasificar y analizar.
Fue un verdadero amante del conocimiento. Estudió la naturaleza, los animales, la lógica, la ética, la política, el arte… ¡de todo! Creía que, para entender el mundo, primero hay que observarlo cuidadosamente.
¿Qué nos enseña Aristóteles? Que la filosofía no es solo teorizar en abstracto. También es mirar la realidad con atención, sacar conclusiones, encontrar patrones. Su enfoque nos invita a ser más observadores, más atentos, más rigurosos.
¿Y qué tiene que ver todo esto con nosotros hoy?
Vivimos en una era de inmediatez, donde todo es rápido, superficial y fugaz. No solo hay una peligrosa tendencia a enterrar en el olvido a la valiosa “filosofía de vida” que los sabios de la Antigua Grecia nos legaron, sino que la estamos sustituyendo por la falta de sentido, la ansiedad, la polarización, en resumen… la desconexión humana.
Los filósofos griegos invitaban a detenernos, a observar, a pensar. a preguntarnos, a preguntar a los demás.
En tiempos de ruido, la filosofía es silencio para escuchar lo esencial.
En tiempos de confusión, es claridad para ver lo importante.
Y en tiempos de prisa, es pausa para entender hacia dónde vamos.
¿Y tú? ¿Cuándo fue la última vez que te hiciste una buena pregunta?

Rafa Peiró. Consultor y Formador. Diplomado Profesional en Mindfulness. Director de «Talentos en Equipo». Autor de los libros «Inteligencia Temperamental» y «Reflexionar es Avanzar». Mentor Acreditado por amces (Asociación Española de Mentoring y Coaching).